Blade Runner, ese oficioPrecioso artÃculo de Guillem MartÃnez sobre sus recuerdos de Blade Runner, y sobre los efectos de esa pelÃcula sobre él mismo y su generación. Un dÃa tendré que escribir yo los mÃos, porque a mà me marcó también.
Blade Runner, ese oficio
Cuando vi Blade-Runner, en mi pueblo, yo era algo parecido a un niño, y me quedé de pasta de boniato. Desde entonces me ha ido acompañado. Con el tiempo la he ido decodificando. Sé, por ejemplo, que el narrador es Gaff, el blade-runner canijo y cojo. Explica todo lo que dice y hace Deckard. Lo hace con miniaturas y origamis. Cuando Deckard se plantea la humanidad de los replicantes, Gaff hace un ser humano con una cerilla. Cuando Deckard huye con Rachel, pisa el origami de un unicornio que ha dejado en el suelo Gaff. Nadie lo ve, salvo el espectador. Eso sólo pasa con los narradores. Estas cosas son, hasta cierto punto inútiles. Lo fundamental, lo importante de la peli, lo comprendà al verla, si bien ahora me lo intentaré explicar.
Es importante ver y saber que aquella peli era un encargo comercial. Sobre una novela que no vale su peso en guano. Los que la fabricaron, decidieron hacer un objeto complejo y artÃstico mientras cumplÃan con su cometido estipulado. Yo no lo sabÃa, pero eso eran los 80's, algo que empezaba en los 80's. Tuvo que haber pasado algo terrible en los 70's -quizás una batalla, una derrota en todo caso-, el caso es que en la siguiente década, todo lo que es arte o, incluso, todo lo que resulta atractivo en su género, es una opción que se cuela en la producción industrial. Ya no hay otro tipo de producciones.